ARTE

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viernes, 29 de julio de 2016

Vincent van Gogh, el gran pintor desconocido

Vincent van Gogh



29 jul. CI.- Vincent Van Gogh es uno de los más importantes pintores de todos los tiempos. Principal exponente del impresionismo, su obra desconocida en vida cobró relevancia mundial años después de su muerte.
Vincent Willem Van Gogh nació en Zundert, en los Países Bajos, el 30 de marzo de 1853. Creció en un hogar humilde encabezado por su padre Theodorus, un pastor protestante y su madre Cornelia. Tuvo otros 5 hermanos, entre ellos su hermano Theo, con quien tuvo una fuerte amistad durante toda su vida.
Desde los 15 años, Van Gogh se interesó por la pintura desarrollando su talento principalmente como autodidacta. A los 16 años trabajó en una compañía de comercio de arte en la ciudad de La Haya. Este trabajo le permitió recorrer Europa, viajar a Londres y finalmente llegar a Paris en 1875. Allí estrecho su relación con el arte.
Tras perder su trabajo, creció su relación con la religión al punto de aumentar su fanatismo religioso, hasta el punto de leer durante horas la biblia y leer el sermón cuando trabajó en Isleworth, en Londres como ayudante del predicador.
En 1877, viajó a Ámsterdam donde quiso estudiar teología pero fue rechazado por no saber latín ni griego y por sus dificultades para hablar en público. Sin embargo, varios historiadores coincides en que la verdadera razón fue la falta de obediencia y subordinación a la autoridad.
En 1879 fue enviado como misionero a la región de Mons en Bélgica donde trabajó con los mineros. Allí vivió de forma humilde sufriendo las condiciones difíciles, la miseria y los padecimientos junto a los mineros y sus familias. Allí repartió entre los más pobres lo poco que tenía. Seria allí donde decidio dedicar su vida a pintar.
En 1880 se trasladó a Bruselas y estudio dibujo y perspectiva en la academia de Bellas Artes. De allí viajó a Etten, La Haya y Nuenen donde desarrolló varias de sus primeras pinturas. Posteriormente, vivió en diferentes poblaciones de Europa en las cuales centro su obra en el drama de las personas humildes.
Durante todo este periodo, pasando por su etapa en Paris, la situación económica de Van Gogh se caracterizó por la precariedad y las necesidades básicas. En la mayoría de los casos fue recibió apoyo de su hermano Theo, quien fue con quien tuvo mayor comunicación.
Sus últimos años se agudizaron los problemas personales del pintor. No solo sufrió de sífilis, sino que debió ser internado en sanatorios debido a problemas mentales. A pesar de ello siguió pintando. Finalmente murió el 29 de julio de 1890. Solo tenía 35 años cuando murió como consecuencia de un disparo en el pecho. No existe certeza de si se debió a un suicidio o a un homicidio involuntario.
Su obra fue reconocida después de su muerte y se convirtió en el pintor más influyente del siglo XX. En la actualidad sus pinturas son bastante apreciadas a nivel mundial.

miércoles, 20 de julio de 2016

Miquel Barceló / Biografìa




(Felanitx, Mallorca, 1957) Artista español que figura entre los más cotizados y unánimemente reconocidos del panorama actual. Dotado de una formidable fuerza creativa, su obra abarca desde inmensas telas y murales hasta esculturas de terracota y cerámica. Su pintura, incorpora numerosos referentes culturales, entre los que cabe destacar en una primera etapa el trasfondo mediterráneo, y a raíz de su estancia en Mali, iniciada en 1988, el paisaje y la forma de vida africanos; más recientemente ha introducido en su obra complejas e intelectualizadas reflexiones sobre el entorno privado del artista, como su taller o su biblioteca. Otro ámbito destacado de su actividad artística es la ilustración de libros, capítulo en el cual ha ilustrado obras de Dante, Paul Bowles y Enrique Juncosa, entre otros.
El temprano interés de Miquel Barceló por el arte procede de su madre, pintora en la tradición del paisaje mallorquín; su primer deslumbramiento lo experimentó cuando viajó a París en 1974 y descubrió la pintura de Paul Klee, Jean Dubuffet, y las obras del art brut en general, que tendrían sobre él un impacto duradero.
Ese mismo año comenzó a asistir a clases de dibujo y modelado en la Escuela de Artes Decorativas de Palma de Mallorca, y poco después ingresó en la Escuela de Bellas Artes Sant Jordi, de Barcelona, aunque apenas concurrió a clases durante los primeros meses; en cambio, fue decisiva su formación autodidacta: leía con voracidad todo tipo de obras y paulatinamente fue explorando los cuadros de Lucio Fontana, Mark Rothko, Jackson Pollock y Willem De Kooning, entre otros destacados artistas.
En 1976 participó en los happenings y las acciones de protesta del grupo Taller Llunàtic, y con ellos realizó su primera exposición en Barcelona, en la galería Mec-Mec, en 1977; al año siguiente expuso en Mallorca telas cubiertas de pintura a las que incorporaba elementos orgánicos. Más adelante experimentó con gruesas capas de pintura sobre lienzos que sometía a la intemperie, para provocar en ellos reacciones físicas y químicas espontáneas, como la oxidación o los cuarteamientos, que dejaban al descubierto las entrañas del cuadro. Nunca abandonaría la experimentación con materiales orgánicos y con formas extraídas de la naturaleza.
Su participación en la Bienal de Sâo Paulo (1981) y en la Documenta de Kassel VII (1982) lo proyectaron a la escena artística internacional en plena juventud. Los principales museos y galerías del mundo comenzaron a reclamarlo y sus cuadros alcanzaron una elevadísima cotización, insólita en un artista de su edad. Con igual premura llegaron importantes galardones: en 1986 obtuvo el Premio Nacional de Artes Plásticas, y en 2003 recibiría el Premio Príncipe de Asturias de las Artes.
Barceló ha vivido largas temporadas en Malí, país africano cuya luz, como la del Mediterráneo, ha dejado profundas huellas en su pintura. En 1992 se casó en secreto en la localidad de Artá con Cecile, una holandesa especialista en literatura. Meses después, en agosto de ese año, fue padre por primera vez al dar a su mujer a luz en Mallorca a una niña que recibió el nombre de Marcela María Celia. El matrimonio reside en su casa-taller de Sa Devesa de Ferrutx (Mallorca). En el año 2002 realizó una memorable ilustración de La Divina Comedia, de Dante, y en 2007 inauguró un extraordinario retablo cerámico en la capilla del Santísimo de la catedral de Palma de Mallorca, que recrea el milagro de los panes y los peces.
En noviembre de 2008 se presentó al público la decoración de la cúpula de la Sala XX del Palacio de las Naciones Unidas de Ginebra, bautizada como "Sala de los Derechos Humanos y de la Alianza de Civilizaciones". Esta obra, que cubre 1600 metros cuadrados y cuyo coste ascendió a 20 millones de euros, sólo puede ser apreciada por el espectador de forma fragmentaria, debido a su gran superficie; en ella, el artista dio forma a miles de estalactitas marinas que en su conjunto evocan un gran mar universal.
La pintura barroca, el art brut, el expresionismo abstracto norteamericano, el arte povera italiano, las obras de Joan Miró y Antoni Tàpies se cuentan entre las influencias que Barceló ha transfigurado en una formidable síntesis personal de índole neoexpresionista y de desbordante imaginación, de densa presencia matérica e inmensa riqueza plástica.

domingo, 31 de enero de 2016

Armando Reverón / Biografía

Armando Reverón

(Caracas, 1889 - id., 1954) Pintor venezolano considerado uno de los grandes maestros en la historia de las artes plásticas del país. Realizó estudios en la Academia de Bellas Artes de Caracas y, gracias a una beca, siguió estudios en España y tuvo la oportunidad de visitar París. A lo largo de su vida abordó el tema religioso, las naturalezas muertas, la figura, el paisaje, el autorretrato y el desnudo femenino; estos dos últimos fueron los más recurrentes en su producción. En 1921 se mudó a Macuto y construyó con sus propias manos El Castillete, su morada hoy desaparecida. Se suelen distinguir en su carrera tres grandes épocas: azul (marcada por la influencia de Nicolás Ferdinandov), blanca (en la que exploró los efectos de la intensa luz del trópico) y sepia (ya a finales de los 30). En sus cuadros experimentó con soportes y técnicas inusuales, incorporando materiales como el musgo y el óxido de hierro; pero fue sin duda la luz el elemento más explorado. Creó, además de sus pinturas, objetos de la vida diaria, valorados actualmente como parte de su trabajo artístico.

Armando Reverón
Hijo de un matrimonio de desencuentros y conflictos, el padre, Julio Reverón, inestable y déspota, desapareció al poco de su nacimiento. La madre, Dolores Travieso de Reverón, confusa y seguramente sumisa, dejó enseguida al hijo en manos de una pareja de amigos, los Rodríguez Zocca, que vivían en una hacienda en Valencia. Sólo años más tarde, tras la muerte de su esposo, su madre haría permanente su presencia en la vida del hijo.
En la hacienda de los Rodríguez Zocca, en Valencia, Armando Reverón se crió en familia junto a Josefina, la pequeña hija del matrimonio, que será su hermana apegada, con y para quien construyó Armando algunos primeros juguetes y muñecas que serán asociados con los que más tarde realizaría en El Castillete. En esos años, rodeado de naturaleza y de evidentes distancias, se inició en la pintura con un tío abuelo materno, Ricardo Montilla. También allí, a los doce años, Reverón sufre un ataque de fiebre tifoidea que determinará en un futuro diagnóstico la presencia psicótica.
A los catorce años muere su padre y se muda con su madre a Caracas. En 1908 ingresa en la Academia de Bellas Artes de Caracas, donde los maestros son Antonio Herrera Toro, Emilio Mauri y Pedro Zerpa. Luego realiza un par de viajes a Europa: primero a Barcelona, en 1911, para estudiar en la Escuela de Artes y Oficios; después, en 1912, a Madrid, donde se forma en la Academia de San Fernando y en el taller de un pintor acomodado y mediocre, Moreno Carbonero, y en el de un buen maestro y guía, Muñoz Degrain. En ese mismo viaje pasa por París en 1914, pero se sabe muy poco de su estancia. Aunque su estadía en Europa no se traduce en un real avance en su formación plástica, determina un momento decisivo, como aprecian algunos de sus biógrafos. Para José Balza, por ejemplo, ese acontecimiento, más que la llegada y conocimiento de otros territorios, representa la metáfora del viaje, del cambio permanente. Para otros, como Mariano Picón Salas, significó el encuentro con Goya, su descubrimiento y su filiación.

Maja (1939), de Armando Reverón
En 1915 vuelve a Venezuela y participa en las sesiones del Círculo de Bellas Artes de Caracas, fundado en 1912 por algunos de sus viejos compañeros, entre ellos Cabré y Monsanto, que se rebelaron en contra de la enseñanza rancia que se impartía en la academia y que tuvieron la necesidad de imprimir energía a los primeros años de la atrasada y desestimulante dictadura de Gómez. Su principal aporte fue sacar a los pintores del estudio y llevarlos al contacto directo con la naturaleza, donde fueron atrapados por los colores y los árboles del trópico, las montañas y los valles, y donde aprendieron a internarse, cual exploradores, en la selva de un cromatismo propio, local. De todos estos pintores, Armando Reverón fue y es el más extraño y el más personal. Estos años, de 1915 a 1920, aún se presentan como un rito iniciático, como el impulso de un hombre que se dirige hacia un lugar, o mejor, que se retira y decide encontrarse en esa renuncia.
En 1917 recibe un golpe que puede considerarse fundamental: la muerte de Josefina, su hermana de juegos, su conexión natural y temporal con el mundo familiar infantil, lo que lo lleva al extrañamiento. En ese momento ya están claramente definidos el pintor y sus dotes, la fluidez de su pincelada. Ya la retina está sellada por Goya y también por Velázquez y sus alucinantes y extrañas meninas, por la vibración y el cromatismo impresionista. Ya en Venezuela se suman, a las anteriores, las influencias europeas del rumano Samys Mützner o del francovenezolano Emilio Boggio, ambos postimpresionistas, pero sobre todo del ruso Nicolás Ferdinandov, ilustrador simbolista que le enseñó el aprecio por un azul obsesivo, el de los fondos marinos, ese azul que cercano se batía contra la arena de Punta de Mulatos, lugar que escogió Ferdinandov para vivir y que conoció en largas excursiones por el litoral con su amigo Reverón.

Un nuevo acontecimiento preparó el terreno para el alejamiento definitivo: Juanita Mota. El agitado carnaval de La Guaira de 1918 presencia el encuentro de un dominó que recibe con sorpresa a un misterioso torero, que es, por supuesto, Reverón. El disfraz de dominó esconde a una pequeña de catorce años: Juanita. Una banda suena. Puede que bailen. Hablan y él le ofrece pintarla. Y en una narración oscura y carnavalesca se entrelazan, quién sabe si por azar, quién si por necesidad, los dos personajes que se acompañarán para siempre y que habitarán juntos un arcádico y fortificado espacio de vida: El Castillete.
En Macuto, cerca de Las Quince Letras, levantó Reverón su casa en 1921, en un terreno que compró Dolores Travieso (toda esa zona y buena parte del kilometraje que bordea el litoral central fue tragado por montaña y mar, con sus habitantes, a mediados del diciembre de 1999). Allí, junto a Juanita, pasaría el resto de sus días, dedicado a pintar cuadros y a construir objetos cotidianos o artísticos, como su serie de muñecas. Hacia el final de su vida, una serie crisis nerviosas lo obligaron a ser ingresado en distintas ocasiones y a abandonar su trabajo pictórico. El alejamiento definitivo fue en octubre de 1953 en el sanatorio de San Jorge, con José Báez Finol como médico psiquiatra de cabecera. Ese mismo año obtuvo el Premio Nacional de Pintura en el Salón Oficial. Falleció un año después, el 18 de septiembre de 1954.
Para describir las que serían las etapas pictóricas de Reverón se puede echar mano al estudio de Alfredo Boulton, que se ha tomado como canónico, donde están diferenciadas las etapas de Reverón por la dominante cromática. Así, tendríamos el período azul, desde su regreso de España hasta 1924; el período blanco, que se extiende por diez años hasta 1936; y, por último, el período sepia. El fuerte dominante azul de los primeros años responde por un lado al encuentro con lo marino y con el mundo de Ferdinandov, y es también heredado del tenebrismo de Zuloaga (al que conoció en su taller de Segovia) y de algunos pintores catalanes.

La Cueva (1920), de Armando Reverón
De esta herencia se destacan el Retrato de Enrique Planchart y El Calvario. Ya en La Cueva (1920) aparece un Reverón más propio, un azul más interno, más cerca de lo que sería su lenguaje, que se sintetiza hasta encontrarse en sí mismo. Allí, en La Cueva, Pérez Oramas lee no sólo a Goya, sino al Giorgione de La tempestad y a una tradición occidental. Y en un gesto profundamente moderno, frente a la ruina de la tradición, Reverón hace de la obra la aparición de lo inalcanzable, como su luz, que se desvanece en un brumoso azul y deja ver el lienzo, mostrando los cuerpos en disolución: "Así están hechas muchas obras de Reverón: con golpes de pincel, con brochazos, veladuras, raspaduras y empastes, casi siempre directos e instintivos, que traducen cerros, nubes, espumas, carnes y todo cuanto había en el universo visual que él contemplaba", observaría atinadamente Miguel Arroyo en El puro mirar de Reverón.
Toda la obra de Reverón debe ser leída como un camino, desandado, de lo representable, que se dirige hacia su pureza, hacia el despojo de cualquier exceso, en una continua transmutación. Pasamos por el Retrato de Casilda, la Figura bajo un uvero, el retrato Juanita (1920-1922) y notamos que el azul se diluye en una ráfaga que ya apunta a esa luz apasionada que cae a toques de sus brochazos, que se hace golpe y tela. La trinitaria (1922) está a punto de ser tragada por la sombra-luz, y los Uveros azules (1922) recuerdan el efecto de arena en los ojos que nos acerca al extrañamiento. En el polvo levantado de muchedumbre en Fiesta en Caraballeda(1924), en el batir de los Cocoteros en la Playa (1926), en la desaparición tras la tela porosa que como la arena borra las huellas que se dejan en Rancho en Macuto(1927), en El Playón (1929) y en la ironía bailarina de carnaval translúcido deCocoteros (1931), se observan las mismas constantes: los árboles, rostros, cuerpos y paisajes van difuminándose, y toda presencia referencial parece dormir en el poético espacio de la atenuación y el desvanecimiento.

viernes, 1 de enero de 2016

¿Quién fue Francisco Antonio Cano?

Horizontes. 1913. Óleo sobre tela 39 x 62 cm. Colección privada.
Horizontes. 1913. Óleo sobre tela 39 x 62 cm. Colección privada.



El nuevo libro de Davivienda rescata el legado de este artista colombiano, quien falleció en el olvido luego de ser uno de los pintores y escultores más importantes del país, a comienzos del siglo XX.
Hace ya casi ochenta años que falleció Francisco Antonio Cano. Su última petición fue que lo enterraran, bajo tierra, sin ninguna identificación. El Museo Nacional de Colombia decidió rendirle un merecido homenaje este año, con una exposición retrospectiva de su obra.
Unos meses más tarde surgió este libro, en edición de lujo, con textos y curaduría de Santiago Londoño Vélez, quien realiza un interesante recuento por la vida de este artista, “discípulo de sí mismo”, como él mismo se llamaba, muchas veces polémico y controvertido, pero que fue decisivo para el arte colombiano de la época, y que, además, fue uno de los precursores del paisajismo antioqueño.
“En sus comienzos como autodidacta hizo parte del costumbrismo en la medida en que en su trabajo predominó su interés por la descripción de los modos de vida y el entorno natural”, explica Londoño en el libro. Sin embargo, cuando Cano regresó de Europa a Medellín, “volvió dueño de conocimientos académicos y de valores estéticos propios del romanticismo francés”, dice el curador. Y, luego, en Bogotá, se convirtió en un artista ecléctico.
Un punto interesante, resalta Londoño, es que Cano, influenciado por el impresionismo, también produjo obras con un lenguaje propio, rico en color y libre en la composición, como lo demuestra en su serie Brumas. Sin embargo, no tuvieron mucho impacto porque no fueron lo suficientemente divulgadas.
Esta publicación hace parte de la colección de grandes artistas que Davivienda ha homenajeado desde hace catorce años, y rescata tanto sus obras iniciales como las de sus últimos días, muchas de ellas inéditas. El libro, de Ediciones Gamma, está dividido en tres grandes secciones: Dibujo, donde se incluyen desnudos, retratos y paisajes; Pintura, que contiene figura humana, paisajes, flores, religión e historia y, finalmente, Escultura, que recoge sus creaciones en yeso, mármol, piedra y bronce.
Un lugar destacado tiene Horizontes, considerada la obra cumbre de Cano, que luego se convertiría en el símbolo de los antioqueños. Es un óleo sobre tela, realizado en 1913, que muestra a una pareja de campesinos, con un niño en brazos. “El padre colonizador extiende el brazo izquierdo para señalar la ruta que han de seguir hacia la tierra que conquistarán; se trata de un gesto que repite el del Creador dándole vida a Adán, pintado por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. Sin ese brazo extendido, convertido en un símbolo creador, la imagen sería una escena costumbrista trivial”, explica Londoño.
¿Quién fue?
Francisco Antonio Cano Cardona –“Canito” como solían llamarlo en Medellín– nació en una vereda de Yarumal, Antioquia, el 24 de noviembre de 1865. Aprendió de su padre el oficio de la platería, y desde pequeño se mostró interesado en el arte. Los primeros dibujos que se le conocen son una colaboración que hizo en un periódico llamado Los Anales del Club, cuando tenía 18 años. A los 20 decide irse a vivir a Medellín, donde es acogido por la familia de don Melitón Rodríguez. En la capital antioqueña tomó clases de pintura, pintó retratos y copió imágenes religiosas.
En 1892, junto al pintor Emiliano Mejía y el escritor Samuel Velásquez, realizó la primera exposición de arte de Medellín, compuesta por más de 150 obras de aficionados. Su objetivo era demostrar que el arte no era una actividad inútil. Luego, en 1898, gracias a una beca de 6.000 francos del Congreso Nacional, viajó a París a estudiar en las academias privadas Julian y Colarossi. También aprovechó la oportunidad para visitar los principales museos europeos y ver las obras de los grandes maestros, como Velázquez, Rembrandt y Miguel Ángel.
Cuatro años más tarde regresó a Medellín y desempeñó múltiples actividades. Trabajó como arquitecto, cerrajero, pintor, profesor y fabricante de lápidas. En 1912 se fue a Bogotá, como director de la Litografía Nacional. En 1922, una de sus mejores esculturas fue inaugurada en el Capitolio Nacional: una estatua de Rafael Núñez. Cano luchó para que fuera hecha por un artista local y no por uno extranjero.
Al año siguiente fue nombrado rector de la Escuela de Bellas Artes, un cargo que también le trajo varios problemas debido a que las nuevas generaciones huían del academicismo que Cano, en parte, representaba. Intelectuales como Germán Arciniegas lo catalogaron como un pintor europeo víctima de los encargos oficiales.
Cano falleció el 10 de mayo de 1935 a los 69 años, con dificultades económicas y con serios problemas respiratorios. Confesó que pese a haber pintado decenas de cuadros religiosos, su única religión era el arte, y pidió ser enterrado en el suelo, sin ninguna identificación, pues quería que su cuerpo desapareciera “en absoluto sobre la tierra con todo el significado universal de esa palabra”. Afortunadamente, su obra permanece.

Débora Arango: historia de un olvido

La pintora antioqueña, blanco de críticas ultraconservadoras, donó más de 200 obras al Museo de Arte Moderno de Medellín, que presenta una muestra de su obra


'Esquizofrenia en el manicomio' (1940), obra de Débora Arango expuesta en le Museo de Arte Moderno de Medellín.

Durante gran parte del siglo XX, Medellín, una ciudad del occidente colombiano, parecía estar condenada a los campanazos de las iglesias. Las grandes familias de la región, muchas de origen campesino y minero, se habían establecido en el Valle de Aburrá desde finales de la Colonia, cargando a cuestas, además de sus enseres personales, una fuerte tradición política conservadora y los más acérrimos valores católicos. Como comenta el escritor Mario Vargas Llosa, en algunas ciudades latinoamericanas la mayor fantasía de una madre era que su hijo llegara a sacerdote, y si lograba ser obispo, la felicidad no tendría nombre.
En aquella villa ultramontana, literalmente encerrada entre dos cadenas montañosas y un exuberante bosque húmedo tropical (una ciudad que hasta 1950 no sobrepasaba los 350 mil habitantes), monseñor Miguel Ángel Builes (1888-1971) era el guía espiritual y político por excelencia: un crítico severo a "las modas femeninas" (como la utilización de pantalón y montar a caballo), la masonería, el cine, la autonomía universitaria, los libros impíos, las revistas pornográficas, el liberalismo, el comunismo y, cómo no, el arte moderno. Casi todos los aspectos de la vida contemporánea eran, según monseñor Builes, para "escándalo del pueblo cristiano y complacencia del infierno". Ante la "decadencia moral del pueblo colombiano", que monseñor veía en cada cambio social, solía repetir en tono apocalíptico: "¡pásmese el cielo!".
Pero una figura remecía el ambiente clerical de la 'ciudad de la eterna primavera': la artista Débora Arango (1907-2005), discípula del muralista Pedro Nel Gómez y formada en México bajo el influjo de David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco. Débora, cómo la recuerdan cariñosamente, parecía predestinada a destruir la "civilización occidental y católica": no sólo vestía con pantalón y montaba a caballo, tampoco vivió para conseguir marido y hacer familia extensa.
Aunque realizó sus obras más punzantes entre las décadas de 1930 y 1950, un largo silencio se extiende sobre su producción
Débora murió soltera. Según algunas fuentes no oficiales era lesbiana, un asunto que incluso hoy ningún historiador se ha atrevido a corroborar y que, de ser cierto, debió significarle más de una dificultad en el Medellín de entonces. En la pintura Esquizofrenia en el manicomio (1940), Débora representa a una mujer en posición lasciva, con las piernas abiertas, encerrada en un asilo de locos de la ciudad, sentada en una habitación con imágenes de mujeres desnudas pegadas en las paredes, recortadas de revistas pornográficas. Posiblemente la escena aluda a una mujer homosexual sometida a tratamiento psiquiátrico, una desviada para los estándares sociales y médicos de la época. Sin embargo, el contenido crítico de la obra suele ser neutralizado en las exhibiciones de museos y en las interpretaciones que hace la historia del arte tradicional.
Aunque Débora realizó sus obras más punzantes entre las décadas de 1930 y 1950, un largo silencio se extiende sobre su producción hasta mediados de los años 80. Sus representaciones de mujeres desnudas, prostitutas, mendigos y políticos corruptos, pintados de forma "incorrecta" para los estándares de la crítica más correcta, le valieron el silencio y el olvido a lo largo de todo un siglo. Ningún museo colombiano o extranjero coleccionó sus obras, fue una figura descartada por el coleccionismo privado y nunca trabajó con galerías. Terminó sus días alejada en una finca en las afueras de Medellín, y aunque al comienzo de su vida artística parecía tener un insaciable impulso tectónico, su recuerdo se fue diluyendo a través del tiempo.
Se echa de menos una curaduría menos temática y más política, en sintonía con el espíritu disruptivo de Débora Arango
El carácter misántropo de la artista fue desencadenado por toda suerte de pugnas intestinas. Una exposición suya realizada en Medellín en 1939, fue boicoteada por las Damas de la Liga de la Decencia, una suerte de pequeño comité de señoras por la defensa de la moral y las buenas costumbres. Su exposición en el Teatro Colón de Bogotá (1940) fue cerrada por orden del político conservador Laureano Gómez (amigo cercanísimo de monseñor Builes y presidente de Colombia entre 1950 y 1951), a quien sus desnudos le parecían "inmorales", "perversos", "pornográficos" e "incorrectos" técnicamente. Vale la pena anotar que Laureano Gómez y su hijo Álvaro Gómez Hurtado comulgaban estéticamente con la posición del nacionalsocialismo frente a un sector del arte moderno, por ellos calificado como "arte degenerado". Por otro lado, una exposición de Débora en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid (1955) fue clausurada por el gobierno de Francisco Franco, un episodio apenas documentado por la historiografía local. Para completar el panorama, el principal mentor de la artista, el político liberal Jorge Eliécer Gaitán, quien le había invitado a realizar la exposición de 1940 en el Teatro Colón, fue abaleado en las calles de Bogotá el 9 de abril de 1948; su asesinato generó el episodio histórico conocido como El Bogotazo.
En los ochenta, la obra de Débora sería recuperada como un testimonio único, radical y femenino
Gracias al autoritarismo falangista, las prostitutas, mendigos y políticos corruptos pintados por Débora serían invisibilizados durante casi medio siglo. Incluso, la influyente crítica de arte colombo-argentinaMarta Traba, establecida en Colombia desde la década del 50, tampoco llamó la atención sobre la producción de la artista. Traba prefirió impulsar a una generación de artistas hombres conocida, entre otros motes, como Los intocables, un grupo del que hacía parte Fernando Botero, Alejandro Obregón, Édgar Negret y Eduardo Ramírez Villamizar.
Solo hasta los ochenta, la obra de Débora sería recuperada por los museos y por la historia del arte como un testimonio único, radical y femenino de los momentos álgidos de la historia moderna de Colombia. Sin embargo, incluso después de su muerte, la artista nunca tuvo un espacio de exposición permanente en museo colombiano alguno.
Desde el pasado 3 de septiembre, algo empezó a cambiar: abrió al público la ampliación del Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM), institución que promete convertirse en referente del arte contemporáneo latinoamericano y que incluye una exposición permanente de pinturas y acuarelas de Débora, exhibida gracias a una donación de 233 obras realizada por la artista en 1987, un acervo largamente guardado en reserva y que sólo hasta hoy logra exhibirse parcialmente. A pesar del esfuerzo, se echa de menos una curaduría menos temática y más política, en sintonía con el espíritu disruptivo de Débora. En todo caso, después de mucho tiempo, las condiciones están dadas para revisitar críticamente la obra de esta artista perseguida y olvidada.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Camille Pissarro / BIO

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Jacob Abraham Camille Pissarro, más conocido como Camille Pissarro (Saint Thomas10 de julio de 1830 - París13 de noviembre de1903), fue un pintor impresionista, y se le considera como uno de los fundadores de ese movimiento.
Se le conoce como uno de los "padres del impresionismo". Pintó la vida rural francesa, sobre todo los paisajes y las escenas en los que aparecían campesinos trabajando, pero también escenas urbanas en Montmartre. En París tuvo como discípulos a Paul CézannePaul GauguinJean Peské y Henri-Martin Lamotte.
Pissarro fue asimismo un teórico de la anarquía, y frecuentó con asiduidad a los pintores de la Nueva Atenas que pertenecían a ese movimiento. Compartió esa posición con Gauguin, con quien luego tuvo relaciones tensas.1
Camille Pissarro nació el 10 de julio de 1830 en la isla de Saint Thomas en las Antillas, en ese entonces pertenecientes a Dinamarca, donde sus padres tenían una floreciente empresa de partes para navíos en el puerto de Charlotte Amalie, por lo que tuvo la nacionalidad danesa, que conservó toda su vida.2
Hijo de Abraham Gabriel Pissarro, un judío sefardí de origen portugués con nacionalidad francesa y nacido en Burdeos, donde existía una importante comunidad de judíos portugueses. Su madre fue la dominicana Rachel Manzano-Pomié. En 1847, tras concluir parte de sus estudios en Francia, regresó a Saint Thomas para ayudar en el comercio de sus padres. En sus momentos libres se dedicaba a dibujar.3
Posteriormente abandonó su hogar debido a la oposición de sus padres a que se convirtiese en artista. Viajó a Venezuela (1852), acompañado de su maestro, el pintor danés Fritz Melbye.4 En Caracas y La Guaira se dedicó plenamente a la pintura, realizando paisajes y escenas de costumbres.
En 1855 se trasladó cerca a París, a la localidad de Passy.5 Allí asistió a la Escuela de Bellas Artes de marcado corte académico e influenciada por el estilo de pintores como Eugène DelacroixCharles-François Daubigny y sobre todo Jean-Auguste-Dominique Ingres, donde lo marcaron Jean-François Millet por sus temas de la vida rural, por Gustave Courbet y su renuncia al pathos y a lo pintoresco, y por la libertad y la poesía de Jean-Baptiste Corot.6 trabajó en el taller de Anton Melbye, hermano mayor de Fritz, pintó paisajes de la comuna deMontmorency.
Entre 1859 y 1861, frecuentó diversas academias, entre ellas la del padre Suisse, donde conoce a Claude MonetLudovic PietteArmand Guillaumin y Paul Cézanne.7 En 1863, Cézanne y Émile Zola visitaron su taller en La Varenne y, en 1865, pasó un periodo en La Roche-Guyon. Expuso en los Salones de 1864 y 1865, donde se presentó como el "alumno de Melbye y de Jean-Baptiste Corot".8
Monet y Pissarro coincidieron en Londres, donde conocieron a Durand-Ruel, que se convirtió a partir de ese momento en el marchante oficial del grupo. Pissarro y Monet hicieron en en la capital inglesa estudios de edificios envueltos en nieblas.

Camille Pissaro y su esposa Julie Vellay enPontoise en 1877.
Su estilo en esta época era bastante tradicional. Se le asocia con la Escuela de Barbizon aunque pasado algún tiempo evolucionó hacia el impresionismo. Se le considera, junto con Monet y Alfred Sisley, uno de los impresionistas puros, diferenciándose del grupo de los "problemáticos" (RenoirDegasCezanne).
Al volver a Francia después de su estancia en Londres, participó plenamente en las exposiciones del grupo impresionista, del que fue cofundador. Además, fue el único que participó en las ocho exposiciones del grupo entre 1874 y 1886.
Durante la Guerra Franco-prusiana, a principios de los años 1870, volvió a residir en Inglaterra, donde estudió el arte inglés y en especial los paisajes del pintor británico William Turner. En los años 1880 experimentó con el puntillismo y produjo escenas rurales de ríos y paisajes y también escenas callejeras de París, como La calle Saint-Honoré después del mediodía (1897, Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid), La Haya y Londres.
Relacionado con sus ideas socialistas y cercanas al anarquismo, se interesó por plasmar el trabajo del campesino y pintó la vida rural francesa. También son famosas sus escenas de Montmartre.
Como profesor tuvo como alumnos a Paul GauguinPaul Cézanne, su hijo Lucien Pissarro y la pintora impresionista estadounidense Mary Cassatt. Políticamente fue simpatizante del anarquismo.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Édouard Manet / BIO

Édouard Manet (23 de enero de 1832 - 30 de abril de 1883) fue un pintor francés, reconocido por la influencia que ejerció sobre los iniciadores del impresionismo



Biografía

Primeros años

Édouard Manet nació en París el 23 de enero de 1832, en una familia socialmente bien acomodada.3 Sus días escolares pasaron sin acontecimientos destacables y terminó su formación sin obtener la calificación necesaria para estudiar derecho, para decepción de su padre, que era magistrado.
A los dieciséis años viajó a Río de Janeiro como marinero en prácticas, con intención de ingresar en la Academia Naval Francesa.3

Se interesa por el arte

Cuando vio que su proyecto no tenía éxito decidió dedicarse al arte, pasando a su regreso, hacia 1850, casi seis años como alumno deThomas Couture, un pintor muy estrecho de miras como profesor. Allí estuvo durante casi seis años y, al mismo tiempo, pudo copiar en elLouvre cuadros no sólo de Tiziano y Rembrandt, sino también de GoyaDelacroixCourbet y Daumier.3 De Couture aprendió que para ser un gran maestro hay que escuchar las enseñanzas de los que lo han sido en el pasado, pero por desgracia, Couture era un antirrealista fanático y convencido. Enfurecido por las mofas que Manet hacía con respecto al Premio de Roma, Couture le dijo que nunca llegaría a ser otra cosa que el Théodore Rousseau de su época. Después de esto, Manet hizo su propia síntesis personal de la historia de la pintura y de lo que podía aprender viendo grabados japoneses. Y es que el pintor fue siempre un extraño ecléctico.

Viaja por Europa

Desde 1853 hasta 1856 Manet se dedicó a viajar por Italia, los Países BajosAlemania y Austria, copiando a los grandes maestros.3

Contrae matrimonio

El 28 de octubre de 1863 contrajo matrimonio con la pianista holandesa Suzanne Leenhoff, con la que mantenía relaciones desde 1850. A pesar de la boda, el que casi con seguridad era su hijo, León, nacido en 1852, siguió llevando el apellido de la madre, y pasando por hermano de ésta.3 Es uno de los personajes del cuadro Homenaje a Delacroix, que Henri Fantin-Latour pintó en 1864.

Descubre a Diego Velázquez

En agosto de 1865 emprendió un viaje por España, organizado por su amigo Zacharie Astruc, en el que descubrió la pintura barroca española, en particular a Diego Velázquez, que tendrá una enorme influencia en su obra.

Su única alumna

En 1869 tomó como discípula a Eva Gonzalès, hija de un conocido novelista, que le había sido presentada por un marchante de arte. La joven, que no carecía de talento, pero a la que le faltaba iniciativa, fue la única alumna de Manet, quien la retrató en 1870.

Guerra Franco-prusiana

Al estallar la guerra franco-prusiana Manet, junto con otros impresionistas, fue movilizado. envió a su familia a Oloron.Ste.-Marie, en los Pirineos, y envió trece cuadros a Duret, antes de entrar como teniente al servicio de la Guardia Nacional durante el sitio de París.Tras la declaración del armisticio, en 1871, formó parte, junto con otros catorce pintores y diez escultores de la federación de artistas de la efímera Comuna de París.

Primera exposición de pintores impresionistas

En 1872 Durand-Ruel adquirió por 35 000 francos veinticuatro obras de Manet y organizó la primera exposición de pintores impresionistas, que no tuvo éxito comercial. Sin embargo, entre estos artistas iba surgiendo una conciencia de grupo que los llevaría a formar la Société Anonyme des artists para realizar exposiciones colectivas.

Relación con Monet

En esta época, en la que tuvo mucha relación con Monet, empezó Manet a adoptar las técnicas impresionistas si bien rehusará participar en las exposiciones colectivas. En cambio, organiza una exposición de sus obras en su propio taller de la parisina calle de St. Petersboug, que gozó de bastante popularidad, rumoreándose en la época que había tenido unas 4000 visitas.

Deterioro de su salud

Hacia 1880, su salud empezó a deteriorarse a causa de un problema circulatorio crónico, que no mejoró a pesar de someterse a tratamientos de hidroterapia en Bellevue. En esta época fue reconocido su talento con una medalla de segunda clase concedida por el Salón, y fue nombrado también Caballero de la Legión de Honor.

Muerte

El 20 de abril de 1883, a causa de su enfermedad circulatoria crónica, le fue amputada la pierna izquierda y diez días más tarde falleció a los 51 años de edad.3

Trayectoria artística

De todos los artistas de su tiempo, Manet era quizás el más contradictorio. Aunque se le consideraba un personaje controvertido y rebelde, Manet se pasó casi toda su vida buscando la fama y la fortuna, y lo que quizás sea más importante, un pintor que ahora es aceptado como uno de los grandes, solía mostrarse inseguro de su dirección artística y profundamente herido por las críticas hacia su obra.Tuvo que esperar al final de su vida para conseguir el éxito que su talento merecía. Pese a que se le considera uno de los padres del Impresionismo, nunca fue un impresionista en el sentido estricto de la palabra. Por ejemplo, jamás expuso con el grupo y nunca dejó de acudir a los Salones oficiales, aunque le rechazaran. Afirmaba que «no tenía intención de acabar con los viejos métodos de pintura ni de crear otros nuevos».4 Sus objetivos no eran compatibles con los de los impresionistas, por mucho que se respetaran mutuamente.
La notoriedad de Manet, al menos en las etapas tempranas de su carrera, se debió más a los temas de sus cuadros, considerados escandalosos, que a la novedad de su estilo. No fue hasta mediados de la década de 1870 que empezó a utilizar técnicas impresionistas. En este sentido, Bownes se muestra bastante convincente al demostrar que, de joven, sin llegar a considerarse un innovador, Manet sí trataba de hacer algo nuevo: Buscaba crear un tipo libre de composición que estaría, sin embargo, tan herméticamente organizada en su superficie como los cuadros de Velázquez.
En 1859 presentó por primera vez al Salón su Bebedor de absenta, un cuadro que permitía sin problemas adivinar su adoración por Frans Hals, pero que provocó una turbulenta reacción en el público y en el jurado, inexplicable sin duda para un Manet que durante toda su vida lo único que buscó fue el éxito dentro de la respetabilidad.
En los años sesenta, sin embargo, su pintura de tema español, tan de moda por entonces en Francia, fue bastante bien acogida y en 1861 el Salón aceptó por primera vez un cuadro suyo, el Guitarrista español.
El tono general de la obra de Manet no es el de un pintor radical únicamente preocupado por el mundo visual. Él es un sofisticado habitante de la ciudad, un caballero que se ajusta en todo al concepto decimonónico de dandi: un observador distante, refinado, que contempla desde una elegante distancia el espectáculo que le rodea. Desde este punto de vista, Manet concluye el que será, sin duda, uno de sus cuadros más escandalosos, rechazado en el Salón de 1863 y expuesto en el de los RechazadosAlmuerzo sobre la hierba.3
El reto lo planteaba una realidad contemporánea, los bañistas del Sena, y la escena estaba reformulada en el lenguaje de los viejos maestros (el cuadro está claramente inspirado en la Fiesta campestre del Giorgione), compitiendo con ellos y, al mismo tiempo, subrayando las diferencias. Las escenas con el tema del ocio en el campo estaban ya muy enraizadas en el arte occidental y abundaban tanto en las ilustraciones populares como en el arte académico, pero el cuadro de Manet pertenece a un orden distinto, desconcertante por la evidente inmediatez con que se enfrenta al espectador.
Sin embargo, pese a la aparente unidad del grupo, cada figura es una entidad separada, absorta en su propia actitud o meditación, de manera que ningún tipo de conexión narrativa puede explicar el conjunto. Y esta sensación de ruptura hace que el cuadro parezca desintegrarse en una especie de collage de partes independientes que sólo por un instante se agrupan gracias a su parecido, prestado, con el orden renacentista.
Pero más escandalosa todavía fue la Olympia, pintada en 1863 pero no presentada al Salón hasta 1865, donde fue rechazada. Entre las razones por las que este cuadro iba a resultar chocante no son las menos importantes el hecho no sólo de que es una clara parodia de una obra renacentista, (la Venus de Urbino de Tiziano), sino también una flagrante descripción de los hábitos sexuales modernos.3
Manet sustituye en él a una diosa veneciana del amor y la belleza por una refinada prostituta parisina. Pero lo que realmente desconcertó a los críticos de la época es que Manet no la sentimentaliza ni la idealiza, y Olimpia no parece ni avergonzada ni insatisfecha con su trabajo. No es una figura exótica o pintoresca. Es una mujer de carne y hueso, presentada con una iluminación deslumbrante y frontal, sobre la que el pintor muestra un perturbador distanciamiento que no le permite moralizar sobre ella.
Ambas obras entusiasmaron a los pintores más jóvenes por lo que suponían de observación directa de la vida contemporánea, por su naturalidad y por su emancipación técnica. Manet se convirtió así, casi sin quererlo, en el personaje principal del grupo que se reunía en el Café Guerbois, la cuna del Impresionismo.
En 1867, hacia la época de la Segunda Exposición Universal en París, Manet, muy desalentado por su mal recibimiento en el Salón oficial, decidió seguir el ejemplo de Courbet unos años antes y dispuso, con su propio dinero, un pabellón donde presentó cerca de cincuenta obras sin, desde luego, ningún éxito público.
Retrato de Émile Zola por Edouard Manet.
En el prólogo del catálogo es muy probable que le ayudara su amigo el novelista Zola porque, de hecho, para su pintura durante toda la década de 1860, Manet contó con el apoyo escrito de Zola desde su puesto de crítico de arte para la revista semanal L'Evenement. Bajo estas circunstancias Manet pintó de él en 1867-68, un retrato a la vez extraño y programático.
Ningún pintor del grupo impresionista ha sido tan discutido como Manet. Para algunos, fue el pintor más puro que haya habido jamás, por completo indiferente ante los objetos que pintaba, salvo como excusas neutras para situar un contraste de líneas y sombras. Para otros, construyó simbólicos criptogramas en los que todo puede ser descifrado según una clave secreta, pero inteligible. Para algunos, Manet fue el primer pintor genuinamente moderno, que liberó al arte de sus miméticas tareas. Para otros, fue el último gran pintor de los viejos maestros, demasiado enraizado en una multitud de referencias histórico-artísticas.
Algunos creen todavía que fue un pintor de deficiente técnica, incapaz completamente de conseguir una coherencia espacial o compositiva. Otros piensan, por fin, que fueron precisamente estos "defectos" los que constituyeron su deliberada contribución a las drásticas y enormemente fructíferas transformaciones que introdujo en la estructura pictórica.

Obras

Tumba de Manet en elcementerio de Passy de París.